Opiniones y artículos 
 

 
         En este apartado expongo una serie de artículos que, hasta ahora, he hecho con un cierto rigor. Se trata de opiniones sobre algunos aspectos de mi trabajo. Desde que descubrí la agradable posibilidad de expresar mis ideas en Internet, me siento reconfortado, y mi intención es la de ir escribiendo mis opiniones personales sobre temas de educación, y en concreto, de educación física.

    De momento presento aquí algunos  artículos que ya han estado o están en la red.
 

  El papel del deporte escolar
La importancia de los juguetes
Un nuevo concepto de inteligencia
Una educación física diferente
 
 
 

 
Deporte escolar para todos o la presión de ganar un partido
 
 
   Se habla mucho de la importancia que tiene en la formación de los niños y las niñas, la práctica del deporte escolar. Siempre que sale a relucir el tema deporte en cualquiera de sus acepciones o adjetivaciones, deporte para niños, deporte escolar, deporte infantil, deporte de base, etcétera, a todos los adultos nos da la impresión de algo positivo, bueno, favorable.
 
          No es que no lo sea, sino que olvidamos con facilidad otros aspectos (o quizá no los vemos) que no son tan positivos para el niño y la niña y que están estrechísimamente ligados al deporte y a su desarrollo como personas.

         Especialmente, existen tres tipos de personas adultas que caen en este olvido. Los primeros son los adultos comprometidos con la educación: educadores, tutores, psicólogos, maestros en general, quienes al oír el término deporte escolar no se cuestionan nada o casi nada que pueda ser negativo en este ámbito de la educación.

        Los segundos, son los familiares, padres, madres, tíos, abuelos, etc, quienes al oír este término experimentan un grado de satisfacción si su hijo o niño participa en alguna actividad deportiva, o experimentan indiferencia total si no es el caso. En ambas situaciones no hay un cuestionamiento más profundo del deporte escolar. El tercer grupo de adultos que experimentan una sensación positiva al oír hablar de aquello son los responsables, precisamente, del deporte escolar. Es decir, entrenadores, monitores, "misters", presidentes de clubes, de equipos, etc.

        Es bueno que todas estas personas sientan y piensen el deporte escolar como algo bueno para la educación de los niños. Es bueno que se glorifique al mismo y que se le considere como un elemento importantísimo en la formación infantil, que se le dé connotaciones de factor benéfico social, que se le potencie desde los organismos, que la sociedad, en definitiva, lo entienda como algo establecido y sin posibilidad de cambio, pues está bien.
 

        Pero, también es bueno que se escuchen otras voces que ven al deporte escolar desde otra perspectiva. Desde un punto de mira inconformista. No conforme con la situación actual del deporte escolar y no conforme con el concepto actual que tiene la sociedad del mismo. Este artículo, pretende ser una de esas voces.
 

       En primer lugar, hay que dejar bien claro que el deporte escolar cumple un papel positivo y otro negativo en la formación de los niños y niñas. En cuanto al papel positivo del mismo, es obvio. Además la mayoría de los adultos (precisamente esos grupos a los que me refería anteriormente) sólo ven o valoran este aspecto. En cuanto al papel negativo, trataré de explicarme más precisamente.
 

          Desde una perspectiva educativa global, basada en unos principios entre los que podríamos destacar el respeto a la evolución del niño o, lo que es lo mismo, el respeto a la personalidad e individualidad, y el tratamiento igualitario y justo de los individuos, se puede hablar de una alarma social en lo que respecta al deporte escolar o deporte infantil, o deporte base.
 

         Independientemente de las circunstancias específicas del contexto que se quiera (hablo de mi país, España) existen unas actitudes generalizadas que van en contra de los principios educativos antes expuestos, a la hora de la práctica del deporte escolar.

       Dichas actitudes, a mi modo de entender, generan las dos formas de alarma social que constituyen el papel negativo del deporte en la formación del niño, y que son, la excesiva presión que se ejerce a los niños y jóvenes en cuanto a rendimiento deportivo y la discriminación que se produce entre unos niños y otros.

      El deporte escolar se ha convertido en una actividad imitadora del deporte profesional (en la mayoría de los casos). Esto, que para muchos adultos no deja de ser una insignificancia, pues desconocen las consecuencias negativas, puede llegar a extremos bastantes tristes, aunque en la mayoría de los casos se queda en un pequeño trauma para el niño. Me refiero a que la excesiva presión que se ejerce a los jóvenes y niños en virtud de unos mejores resultados del equipo o de la persona, puede traer consigo (casi siempre lo trae) un inadecuado entrenamiento físico, una excesiva responsabilización del niño o joven, es decir, una excesiva tensión física y psicológica. También hay casos de tratos machistas, vejatorios o discriminatorios (aunque menos) que traen su consecuente bloqueo afectivo.
 

         En conclusión, la presión de un deporte escolar que no respete la persona, su ritmo particular, su edad, y que valore por encima de todo el resultado frente a la formación puede producir varios tipos de consecuencias. Físicas : pequeñas lesiones, fisuras musculares, esguinces, sobrecarga muscular,..... . Psíquicas: falta de seguridad en sí mismo, carencia de autoestima, falta de autonomía, imposibilidad de responsabilizarse, eliminación del disfrute, disminución del rendimiento escolar, .... . Afectivas: bloqueos, imposibilidad de relación, inhibiciones, perdida de la concentración en el estudio, dispersión, ..... Es decir, un deporte escolar que no controle la presión que ejerce a sus practicantes, está poniendo en riesgo la integridad física y psíquica de la persona, verbigracia, no respeta la individualidad ni la personalidad, ni el proceso evolutivo ni formativo. De ser un gran recurso y medio para la educación y la formación, se convierte en un obstáculo para la misma.
 

           Por otro lado, el deporte escolar actual, presenta unas condiciones discriminatorias que van en contra de cualquier principio educativo. Las circunstancias favorecen que en la mayoría de los deportes existan tres tipos de niños practicantes:

        En cualquiera de los casos, la situación general favorece que el buen dotado para la práctica deportiva salga beneficiado por el deporte escolar y el menos dotado, salga perjudicado. Esto, entendiendo como beneficiado y perjudicado, el tener la posibilidad de practicar un deporte escolar. Si lo vemos desde el prisma antes desarrollado de deporte escolar como elemento de presión al niño, ninguno de los tipos de niños practicantes sale beneficiado. Al menos desde la perspectiva de formación de la personalidad integral, sana, abierta, no discriminatoria y libre, en definitiva.

        Es evidente, a pesar del dramatismo de esta argumentación (quizá un poco exagerada por su intento de ser realista) que se da la discriminación y la tensión en el deporte escolar, y por lo tanto, se utiliza mal el deporte y se debería reflexionar sobre ello.

      Si el deporte escolar, desde esta perspectiva, no es justo ni adecuado en su tratamiento, se hace necesaria una alternativa que cumpla las funciones, en la formación de los niños y niñas, que debería cumplir el medio deportivo.
 

        Resumiendo brevemente una posible alternativa, de las múltiples que debe haber, para paliar y modificar las actuales estructuras injustas e inadecuadas del deporte escolar, podríamos incidir en dos aspectos: las actividades motrices y lúdicas alternativas para todos, y el cambio de las normas (no escritas) que rigen el deporte escolar reglado.

      En cuanto al primer aspecto, no se trata de ofrecer actividades organizadas a los niños que no entran en los "planes" de los equipos deportivos (pues seguiríamos manteniendo la discriminación), sino se trata de normalizar una serie de actividades, generalmente no entendidas como deportivas, que deberían practicar y disfrutar todos los niños en edad de formación como complemento a la competición en uno u otro deporte. Para ello, todos los niños deberían tener también la posibilidad de practicar algún deporte. Tales actividades van desde la práctica de bicicleta (no carreras) por senderos, circuitos ecológicos, urbanos, ciclocross, mountain-bike, etc, la práctica de patinaje, deslizamientos en patines libremente, en forma artística, en otros juegos como el hockey, etc, hasta la práctica de actividades expresivas, dramatización, bailes, danzas, teatro, etc. No se descarta la posibilidad de entender estas actividades como parte del entrenamiento (entendido como proceso de formación motriz) de un equipo de niños o niñas que participe paralelamente en un deporte reglado.

       En un segundo aspecto, se trataría de modificar las estructuras actuales del deporte escolar. Es decir, aquellas reglas no escritas, como la discriminación que se produce al jugar los niños mejor dotados más tiempo, al ejercer la selección para participar en algunos equipos, al realizar el trabajo de entrenamiento físico, etc, debería de haber una concienciación general por parte de todos los responsables del deporte escolar sobre lo adecuado e inadecuado del mismo. Evidentemente esto se consigue con formación pedagógica, humana y técnica de los responsables.
 

      En conclusión. El deporte escolar es bueno si se entiende como medio de formación. El deporte escolar, ahora mismo, ejerce mucha presión a los niños y niñas por imitar el modelo de deporte profesional a la vez que es discriminatorio. Hay muchas alternativas a esta situación que de momento nadie hace nada (a no ser de forma particular en su propio entorno). Una de ellas es la de organizar y reglar actividades paralelas y complementarias al deporte o a la competición. Pero que sean para todos. También es necesario entender el deporte escolar de otra manera. No tan competitivo, más justo y no discriminatorio.
 
 

 

Manuel Bellido
Maestro de E.F.
 

(Artículo publicado en la web Nueva Alejandría de Argentina y en la revista digital Askesis).

  




 
LA IMPORTANCIA DE LOS JUGUETES
 
 
 Cuando yo era pequeño me encantaba jugar, como a todos los niños y niñas del mundo, con muchos juguetes, pero había unos cuantos que me gustaban por encima de los demás.
 
       El balón me hacía sentir fuerte, ágil, mejor, y me gustaba golpearle. Me desahogaba mucho. La bici me hacía creerme libre, me habría mundos nuevos y velocidades imprevistas. Sentía el viento en la cara. Mis muñecos eran mi mundo, era yo extrapolado a un mundo ficticio, me encantaba, eran míos y sólo míos. Los patines, que al principio creía que eran cosa de niñas, me gustaron tanto que me compré incluso un monopatín. Me deslizaba como por encima del mar, me encantaba.
  Ahora que, curiosamente, me dedico a enseñar y educar a los niños y niñas en el ámbito del desarrollo motor y físico desde mi situación de maestro de educación física, veo la importancia que tienen aquellos juguetes en la evolución de todo niño y toda niña. Hasta tal punto es mi convicción de la importancia de estos juguetes, que me ha llevado a pensar y decir el siguiente principio educativo: "Ningún niño ni ninguna niña sin un balón, sin una bici, sin un muñeco y sin unos patines".

 
 Manuel Bellido,Maestro de Educación Física.

 
 
 





 
UN NUEVO CONCEPTO DE INTELIGENCIA
 
 
 
 
  Tradicionalmente , querámoslo o no, se entiende por inteligencia el conjunto de una serie de condiciones mentales que abarcan algunos aspectos del pensamiento humano. No todos.
    Se entiende por inteligencia como la capacidad de organizar dichos aspectos del pensamiento para la mayor eficacia de la consecuente acción (entendida como actividad humana). Entre estos aspectos, se da verdadera importancia, en una persona inteligente, a la capacidad de raciocinio, a la posesión de una memoria eficaz, selectiva y rápida, y a la destreza o agilidad en el procesamiento de las ideas.

    La capacidad de razonar inteligentemente, es la posibilidad de establecer relaciones objetivas (a modo de causa-efecto) entre las ideas que van componiendo un pensamiento inteligente. Esto conlleva, evidentemente, el desarrollo y uso de la observación, del análisis de los datos obtenidos en la observación y de la valoración de dicho análisis (capacidad crítica), para llegar a conclusiones mentales o intelectivas. Una buena memoria funciona, utilizando términos modernos, como base de datos que aporta la información requerida en una situación aleatoria de una forma ágil, rápida y oportuna. Esto facilita el procesamiento de la información que lleva a un resultado mental, es decir, a un pensamiento. La valía de todos los anteriores aspectos se ve incrementada si hay un hábito o habilidad de "digerirlos", o, por utilizar otro término moderno, integrarlos, de una forma rápida, ágil, precisa. Esto es la destreza o agilidad mental.
    Me atrevo a creer que cualquier persona inteligente, se conformaría con la definición de inteligencia que agrupase a los aspectos enumerados y brevemente explicados anteriormente.

    Resulta, a mi entender, que hoy en día existen una serie de necesidades, como consecuencia de la multiplicación de las posibilidades humanas a niveles social, laboral, filosófico, artístico, humano, etc, que no se pueden cubrir de una forma satisfactoria con el desarrollo de la inteligencia entendida como el conjunto de aspectos enumerados anteriormente. Si no se cubren de tal manera, cosa que me temo es cierta, tales necesidades, creo que no se está actuando inteligentemente, con lo que si la inteligencia en una persona se reduce sólo al desarrollo y mayor productividad de los aspectos antes señalados, tendrá inevitablemente, aspectos y necesidades no cubiertos que harán de ella una persona, si bien no insatisfecha ni frustrada, si alguien que no alcanza el máximo de sus posibilidades como individuo, o lo que es lo mismo, su individualidad, su persona, verbigracia, su personalidad. Quien no trata de conseguir ésto no es inteligente.
    Habrá alguien, supongo, que estará de acuerdo conmigo.

    Entre las necesidades que hoy en día se han generado en el ser humano, y que son, por el tipo de vuelta, cambio y evolución humana, nuevas, existen algunas que hacen necesaria una nueva capacitación mental, física, afectiva, social, motriz, relacional, etc, para hacerlas frente si se quiere vivir inteligentemente. Es decir, un desarrollo de nuevas capacidades, una nueva inteligencia.

    Las necesidades que "acosan" y crean ansiedad al ser humano, hoy día en el fin del milenio, son de diferentes grados y niveles. Unas se pueden afrontar desarrollando los aspectos intelectuales contenidos en el concepto, vamos a llamarlo tradicional, de inteligencia, y otras no. Es decir, de lo que antes se podía prescindir para ser considerado inteligente, ahora ya es necesario. El concepto de inteligencia , como es obvio cambia, se incrementa, se amplía.
Las necesidades actuales para un desarrollo satisfactorio, inteligente, cultural, humano, de una persona cualquiera, abarcan diferentes aspectos y van desde los considerados cognitivos o mentales, hasta los corporales y manuales, pasando por los relacionales y/o afectivos.

    Se puede considerar como necesario a nivel cognitivo, intelectivo o mental, todo lo que era considerado como tal, en el concepto tradicional de inteligencia del que venimos hablando. Es decir, la memoria, el razonamiento lógico, la capacidad crítica, la agilidad mental, la capacidad de observación, la objetividad, la capacidad de síntesis, la argumentación mental, etc. En conclusión todos aquellos aspectos que, desarrollados convenientemente, construyen una mente clara, culta, ágil. Sólo existe, me parece, un cambio. La cantidad de información generada por todos los aspectos sociales y culturales del ser humano actual, hace necesario el desarrollo de la capacidad de selección. Es decir, la selectividad de la información es clave, hoy en día para desarrollar una mente inteligente. No es que antes, tradicionalmente, no se llevara a cabo la selección de la información, como capacidad añadida o integrada dentro del procesamiento de la información, sino que la condición actual es desbordante para la capacidad mental de un ser humano, lo que hace necesario, casi urgente, el incluir la selectividad mental como aspecto de la inteligencia.

    A bote pronto, se me ocurre, que esta nueva capacidad, o para ser más precisos, este nuevo desarrollo de una capacidad ya existente, es como una nueva habilidad o destreza consistente en decidir de forma rápida y precisa hacia donde deberemos dirigir nuestra observación a la hora de recabar información para procesar un nuevo pensamiento. Quien más desarrolle esta capacidad en mejores condiciones estará para establecer relaciones mentales, o lo que es lo mismo, para emitir juicios intelectivos.

    Existen una serie de necesidades nuevas, por el modo de vida del hombre de hoy, que si antes eran complementos al desarrollo intelectual y no se consideraban como factores de incremento de la inteligencia, actualmente, me temo, son parte del desarrollo de la persona, y por tanto de la inteligencia. Son necesidades de carácter manual (considerado desde el punto de vista manipulativo) que no escapan al hombre en ninguna de las situaciones o estratos en que se encuentre. Hablo de la necesidad de manejar, manipular, conocer, resolver, utilizar, ...., productos y "frutos" de la creación del ser humano de los que no se puede ya separar. Por poner algunos ejemplos, se puede hablar de la necesidad de manipular aparatos de locomoción (los cuales exigen habilidades mentales), aparatos domésticos (cada vez más complejos y eficaces), instrumentos mecánicos favorecedores de condiciones laborales (capacitación motriz), aparatos de intercambio social y cultural (cajeros automáticos, mandos a distancia, telefonía móvil, electrónica, digital, etc).

    Todo este cúmulo de condiciones, simplificando, mecánicas, exigen una capacitación para poder "moverse" de una forma hábil, de una forma eficaz, de una manera inteligente, por el entramado de la red social actual. Quien no sea hábil en la utilización de todo este "montón" de aparatos de los que somos presos en la dinámica social (es cierto que algunos más que otros) no está actuando inteligentemente.

    Por otro lado, el denominado entramado social, o la red de dinámicas sociales, culturales y laborales, exigen del hombre de hoy, si no unas nuevas capacidades para evitar la idea de que nunca las tuvo, sí el desarrollo de unas capacidades que le sirvan para ser lo más eficaz posible en dicho entramado. El mundo laboral (sea cual sea el estrato social) exige conocer y dominar unas variables para poder desarrollar una labor de forma inteligentemente humana. Tales variables son llamadas relacionales. La relación laboral se ha convertido en una nueva disciplina que es necesario desarrollar, conocer y dominar. Hacer esto es hacerlo inteligentemente. Si bien antes, tradicionalmente, una persona inteligente conseguía dominar tales variables como consecuencia del desarrollo intelectual, ahora, la situación exige dominar dichas variables como condición intelectual. De una consecuencia se ha pasado a una condición.

    En el terreno afectivo, y en gran medida muy relacionado con lo anterior, los sentimientos humanos han llegado a tal punto de desarrollo que se han convertido en un factor de inteligencia. La inacabable posibilidad de recabar información, el desarrollo de las ciencias humanas psicológicas, filosóficas, médicas y demás, han conseguido convertir el mundo afectivo (respetando por supuesto la condición de aleatoriedad y circunstancialidad en que se da) en una nueva disciplina en la que cabe la posibilidad de su dominio. O al menos su observación análisis y su valoración. Esto supone que, en el terreno afectivo, existe la posibilidad de desarrollar de forma consciente y voluntaria determinados aspectos que generan desarrollo de la persona, de su individualidad, de su autosatisfacción y de sus condiciones de vida, en general. Lo cual es considerado como inteligencia.

    Si tradicionalmente, las consecuencias y efectos que produce la afectividad en el ser humano, se separaban, o al menos no se consideraban, de las condiciones inteligentes, en este nuevo concepto de inteligencia se incluyen como factores, se consideran como determinantes del nivel intelectual. Es, o así me lo parece, una especie de revolución cultural del concepto afectivo, a la vez que el intelectivo. Hoy día se puede considerar, sin errar mucho, que una persona estable, anímicamente satisfecha, con un terreno afectivo considerable y cubierto mínimamente, como alguien inteligente, como alguien capacitado a enfrentarse con entereza a los cambios, a los problemas, al azar que genera la situación anímica, con garantías de superar las circunstancias y de actuar eficazmente. También encontraré alguien aquí que esté de acuerdo conmigo.

 

    Podría indagar más en las situaciones humanas de la actualidad y ver cómo es posible descubrir que aspectos de la vida del hombre, a los que antes no se consideraban más que frutos de la dinámica humana, hoy se han convertido en condiciones para esa misma dinámica. Con este grupo de necesidades de las que he hablado basta para comprender el giro que ha tomado el concepto de inteligencia.
    Pero vamos a ello, vamos al concepto. Al nuevo concepto. Al principio de este artículo estuve tentado de titularlo, en lugar de cómo lo he hecho, "La metainteligencia". Por un poco de falsa modestia (que ahora demuestro al escribirlo) no lo hice. Más, ahora, si lo he hecho ha sido para iniciar el concepto ilustrándolo con la imagen que da intuitivamente dicha palabra. Más allá de la inteligencia, la inteligencia de la inteligencia o, mejor, más arriba de la inteligencia.

    La idea es que la inteligencia ya no es una mera capacidad que agrupa varios aspectos, sino un conjunto de capacidades entre los cuales se encuentra la capacidad de ser inteligente, tal y como se entendía tradicionalmente, y, desgraciadamente, tal y como aún se entiende. La nueva inteligencia es un conjunto de capacidades. La capacidad cognitiva, la capacidad afectiva, la capacidad motriz, corporal y física, la capacidad relacional y social, la capacidad de instrumentación, la capacidad creativa y expresiva.

    En cada uno de estos grupos de capacidades se encuentran aspectos que cubren las necesidades de las que he hablado anteriormente, de tal forma que todas estas capacidades son necesarias para el desarrollo de la inteligencia. De tal manera que el desarrollo de una, varias o alguna de estas capacidades de forma aislada de las otras genera algún grado de habilidad pero no la inteligencia.

    La nueva concepción de inteligencia pasa por el desarrollo de todos y cada uno de estos grupos de capacidades. La capacidad cognitiva, intelectiva o mental, tal y como la conocemos debe ser desarrollada en todos aquellos aspectos de los que ya hemos hecho referencia. Es decir, la consecución de una memoria eficaz, el razonamiento lógico, la capacidad crítica, la objetividad, la agilidad mental, la capacidad de observación, de análisis, etc, etc, etc.

    Las capacidades afectivas tendrán que ser elaboradas a partir de la adquisición de hábitos de tolerancia, de respeto, de individualidad, de decisión personal, de cariño, de autosatisfacción, de autorealización, de agradecimiento, de disciplina, de experimentación, de superación de uno mismo, de relación, de colaboración, de escucha, de valores humanos en definitiva.
    Las capacidades sociales y relacionales deberán ser desarrolladas como conocimiento, valoración y adquisición de una serie de variables que "pululan" por la dinámica social y laboral. La elaboración de hábitos de observación, análisis y conocimiento de las situaciones, sus tipos, sus causas y efectos, el conocimiento de uno mismo y de los demás, la preocupación de los otros, los grupos humanos, sus consecuencias, los conflictos, los beneficios y los perjuicios de la colaboración, etc, etc, etc.
    Las capacidades motrices, corporales y/o físicas, determinan el autoconocimiento, el autocontrol. El desarrollo del esquema corporal, la imagen de uno mismo, la autoconfianza, la seguridad en uno mismo, la autoestima, determinan el inicio de nuestros actos, pensamientos, acciones y relaciones.
    La capacidad motriz, la agilidad, las habilidades corporales, la condición física, la destreza, la coordinación, son aspectos que mejoran la posibilidad de dominio del espacio físico. El control del espacio, las coordenadas espaciales, las trayectorias, la lateralidad, la proyección espacial, la abstracción mental, el control del ritmo corporal, las coordenadas temporales, las secuencias, los "tempos", los ritmos, los silencios, todo ello se convierte en un grupo de variables que facilitan la interacción con el medio, además de ser el inicio o punto de arranque de muchos de nuestros pensamientos.
    Las capacidades de instrumentalización o dominio de los instrumentos. La motricidad fina, la coordinación específica, la capacidad manual, la capacidad pédica, el dominio segmentario corporal. La manipulación, la experimentación, la abstracción mental en la instrumentalización. Todas estas capacidades facilitan un uso más inteligente de los medios y los instrumentos.
    La capacidad creativa y la expresiva. El desarrollo de la imaginación, la invención, la creación de ideas, la renovación. La capacidad de expresar, con las manos, con el cuerpo, con la mente, con las ideas, con la palabra escrita, de forma oral, con elementos, la observación artística, la determinación de variables artísticas, el gusto por lo expresivo, lo artístico, la música, la pintura, la escultura, la arquitectura, etc, etc.

    Todas estas capacidades conforman el grupo o conjunto de condiciones que definen la inteligencia hoy en día. El llegar más lejos o no en cada una de ellas depende de cada persona, de su personalidad, de sus circunstancias, del azar que le domine, pero lo que es seguro es que todas y cada una de ellas es necesaria desarrollarla para ser considerado inteligente.

    Hoy día no hay ninguna situación, me atrevo a decir, en la que no se pongan de manifiesto algún aspecto de cada una de las capacidades enumeradas anteriormente. Pongamos un caso, por ejemplo. Un encuentro casual en la calle conlleva el demostrar, de forma subterránea, de manera consciente e inconsciente, el grado y nivel que poseemos en cada aspecto. El conocimiento de los datos de que hablamos, la seguridad de uno mismo, el dominio del espacio, la relación con el otro, lo creativo de uno mismo y del otro, lo agradable, lo ágil mentalmente, la manipulación de los objetos, su dominio, ............. Así todos los aspectos que queramos. La importancia en la manifestación de éstos dependerá dela situación concreta, pero estarán presentes. Quien demuestre dominio, buen nivel, desarrollo, agilidad, etc, en cada situación que se le presente, estará demostrando que es inteligente.

    La idea que sobrevuela a todo esto es que el hombre del siglo XXI deberá desarrollar, a un mínimo nivel, cada uno de estos grupos de capacidades si quiere ser un ser inteligente. Ese hombre del siglo XXI es el niño/a de hoy.

Manuel Bellido, maestro de Educación Física.

 
 
 

  
UNA EDUCACIÓN FÍSICA DIFERENTE
 

     Llevamos ya unos cuantos años desde que se introdujo en la enseñanza obligatoria la especialidad de educación física, a la par que otras, como complemento a la formación infantil, primaria y secundaria de todos los niños y niñas españoles. Se hizo con una intención clara, la de posibilitar la formación integral del alumno/a y desarrollar, en la medida de sus posibilidades, todas las capacidades que configuran la personalidad en el proceso formativo de cualquier niño/a. Es hora de hacer un planteamiento serio de cómo se ve y cómo se entiende la educación física y de sí ha contribuido a cumplir con la intención con la que nació.

     Tradicionalmente, se entendía y, desgraciadamente,  aún se entiende, la Educación Física como el desarrollo de una serie de aspectos motrices y físicos que capacitan al alumno para una mejor práctica de actividades deportivas. En resumidas cuentas, se trata de favorecer los condicionantes motrices, anatómicos, fisiológicos  y físicos del alumno/a, para la mejor  y más eficaz ejecución de unos movimientos establecidos, denominados técnicas, que componen la base de unos juegos que se han dado en llamar deportes. Es decir, preparar para ser un buen deportista, entendiendo por ello el que ejecuta bien las técnicas del deporte en cuestión.

     Dado que, como en casi todo, había que tener un referente o "punto de mira", en este caso  no era otro que el modelo de deporte que proponía la sociedad. Es decir, los deportes que proponía y aún propone, la sociedad como la actividad física mejor considerada para el desarrollo de las capacidades físicas y motrices. Estos deportes, de todos conocidos, son los de asociación más comunes, y alguno individual. Fútbol, basket, voleyball, balonmano, atletismo, natación. Y soy generoso al anotar alguno de ellos, por no establecer uno solo de ellos, como el mejor modelo de deporte, desproporcionadamente valorado por la sociedad. A mi entender, la educación física o formación deportiva tradicional quedaba y queda reducida a la mera imitación de unos modelos deportivos que propone (o impone) la sociedad. Esto genera, evidente y consecuentemente, unos valores determinados en el deportista. (Que conste que la práctica de estos deportes de los que hablo no es mala, sino que considero pobre la manera en que se forma a los niños y niñas desde este forma de entender la educación física).

    En conclusión, la educación física se entiende, desde el prisma tradicional, como la formación del alumno/a para ejecutar de mejor y más eficaz manera las técnicas deportivas, se trate del deporte que sea.

    Teórica y pedagógicamente se entiende la educación física como el desarrollo de todas las capacidades que giran en torno a la formación corporal, para conseguir el grado más elevado de posibilidades físicas, corporales, expresivas, rítmicas, motrices,....... Y todo ello en función de que sirva de base para el desarrollo de la personalidad, la capacidad intelectual, la capacidad afectiva y la relacional. En suma, para conseguir el desarrollo máximo de las posibilidades de cada persona, independientemente de la ejecución eficaz de cualquier técnica concreta.

    Esta formación integral que supone la educación física desde esta perspectiva, desarrolla los aspectos motores, afectivos y relacionales, como base al establecimiento de una serie de capacidades intelectuales. Dentro de éstas últimas están la capacidad crítica y la capacidad de elección. Al desarrollar estas capacidades se está dotando al alumno, en su formación como persona, del recurso de elegir y valorar la actividad motriz que realizará en su etapa de adolescente y de adulto y no sólo la de imitar un modelo motriz (deporte) que es impuesto por la sociedad de forma "hipervalorada". Todo esto supone la transmisión de unos valores, como veremos,  muy diferentes a los de la educación física tradicional.

    La formación y educación física tradicional o educación deportiva, genera y transmite en los niños y niñas unos valores concretos que se pueden resumir en individualismo y capacidad competitiva. El individualismo surge en la medida en que cada niño/a va mejorando su ejecución motriz en comparación a un modelo establecido. De esta manera, unos lo hacen bien, otros mal, otros regular. Cada uno se compara con los demás en función de cómo es el nivel propio de ejecución, y se va formando dentro de un sistema clasificatorio determinado por las calidades de ejecución. La competición abunda en el individualismo, en la medida en que los que tienen un nivel bueno de ejecución técnica del deporte superan mejor la prueba que los que tienen un nivel técnico más bajo.

    Todo ello nos lleva a una educación física condicionada por un modelo de ejecución técnica concreto, que va clasificando a los alumnos. Esto es el elitismo motriz que trae consigo una serie de consecuencias sociales, formativas y, podríamos decir, hasta humanas y afectivas.  La  educación física que sigue este modelo, crea una élite motriz frente a otro grupo de alumnos menos dotados y ello supone la discriminación, la frustración y la formación incompleta y prematura. La discriminación se produce cuando los alumnos/as que no han conseguido un nivel de ejecución técnico adecuado según el modelo determinado, llegan a su edad de adolescentes y adultos y no encuentran la posibilidad de participar en deportes para los que no están dotados, y que son precisamente las únicas actividades motrices que han practicado y aprendido.

    La frustración de muchos alumnos/as se produce de la misma manera, al no poder ver cumplidas sus ilusiones de practicar un deporte que les gusta pero para el que no han sido dotados o para el que han sido excluidos por otros mejor dotados o adaptados. Finalmente, la formación física, la educación de muchos alumnos, es incompleta y/o prematura. Trabajando exclusivamente unos cuantos modelos deportivos durante los años de formación (etapa de primaria y pubertad) y luego al verse excluidos de dicha práctica en los años siguientes por alguna de las razones anteriores, supone una educación y formación física incompleta. Por otro lado, aquellos alumnos/as especialmente dotados para la practica de un deporte en particular, desarrollan un trabajo prematuro e intenso de las técnicas de dicho deporte con la intención de mejorar hasta el infinito en dicha actividad. Esto supone una educación prematura cuando menos.

    Si nos ponemos a hablar de las escuelas deportivas de futbito, por ejemplo, que desarrollan el trabajo técnico con los niños desde edades muy tempranas, de los clubes de tenis que acogen a niños/as desde los 6 años para la mejora técnica, e incluso muchos colegios que simplemente practican actividades deportivas como son el fútbol, el basket y alguna más, podemos comprender cómo la educación física tradicional se sigue entendiendo y llevando a la práctica. No olvidemos que educación física y preparación deportiva son conceptos distintos, y en los años de los niños y niñas a los que nos referimos se debe dar educación física, no preparación deportiva.

    En la educación física de base, entendida según los principios teóricos y pedagógicos, y que es la que propugna el sistema educativo (a pesar de ello no es garantía de que se cumpla) se trata de desarrollar al máximo todas las capacidades que giran en torno a lo corporal y que configuran la personalidad. Ente ellas, como decía anteriormente, están la capacidad crítica y la capacidad de elección. La capacidad crítica se manifiesta y se trabaja, favoreciendo al alumno el desarrollo de sus posibilidades atendiendo a sus características físicas, motrices, afectivas y personales peculiares. De esta manera el alumno/a valora la actividad física en función de cómo aprende, cómo disfruta, cómo le sirve para su crecimiento y de con quién la realiza y cómo la realiza. Así va generando una opinión sobre la actividad motriz, y no se dedica sólo a repetir un modelo. La capacidad de elección surge entonces, en la medida en que se acopla mejor a una actividad motriz que a otra, o simplemente, en que disfruta y aprende más con una actividad que con otra. Esta capacidad de elección se ve completada si la propuesta que se le ofrece es variada y múltiple, tal y como establecen los principios educativos.

    Para que esta oferta educativa sea posible es necesario ofrecer, en la etapa de formación física (precisamente la etapa de primaria, y sí me apuran, la de secundaria) una serie de propuestas motrices variadas y al mismo nivel. Es decir, se trata de desarrollar todas las capacidades, y no sólo la ejecución técnica de movimientos, y, por tanto, las capacidades motrices, las capacidades físicas, las capacidades expresivas, las capacidades rítmicas y las capacidades afectivas y relacionales.

    Las capacidades motrices suponen el desarrollo de todos los aspectos corporales y motores y que servirán de base para la práctica deportiva de cualquier disciplina. En este apartado se ofertarán todo tipo de actividades formativas que supongan la dotación de recursos motores, corporales y de uso del espacio para la práctica posterior de disciplinas deportivas. Dentro de éstas entrarán los deportes tradicionales colectivos e individuales, los deportes alternativos y los deportes menos conocidos y practicados, así como las disciplinas gimnásticas.

    Las capacidades físicas, como base fisiológica y anatómica de la condición física, se irán desarrollando en la medida en que se intensifique paulatinamente a lo largo de la formación, la práctica de actividades deportivas y de otro tipo, como veremos.

    Las capacidades expresivas supondrán un complemento motor al desarrollo de las capacidades motrices o deportivas, además de incrementar el nivel de conocimiento y control del propio cuerpo y sus posibilidades expresivas, comunicativas y creativas. Disciplinas como el mimo, la dramatización, la representación, la expresión corporal deberían ser tratadas al mismo nivel que las disciplinas deportivas, motrices y lúdicas.

    Las capacidades rítmicas mejorarán el control del movimiento, la condición física, la capacidad creativa, expresiva y comunicativa y las propias condiciones motrices de coordinación, agilidad, destreza. Para ello se deben ofrecer propuestas variadas y tratadas al mismo nivel que otras actividades motrices, surgidas de las disciplinas del baile. Danzas grupales, folklóricas, clásicas, baile libre, moderno, y otras disciplinas como el aerobic, por ejemplo, serán la base de propuestas de actividades a lo largo de la formación física de base.

    Las capacidades afectivas y relacionales, por último, se desarrollarán en la medida en que se sistematicen las propuestas dirigidas a desarrollar otras capacidades. El respeto, la aceptación, la valoración, la autoestima, el autocontrol, la colaboración, el compañerismo, etc., se mejoran, trabajan y aprenden con la práctica de actividades grupales, competitivas y no competitivas, expresivas, creativas, lúdicas y de disfrute, bajo la perspectiva de satisfacción y realización del propio aprendizaje y la aceptación de uno mismo.

    Como complemento al desarrollo de todas las anteriores capacidades, y tal como orienta la ley educativa, se propondrían otras actividades consideradas también motrices o físicas, enfocadas al uso, cuidado y conocimiento del medio natural. Propuestas como senderismo, orientación, montañismo, bicicleta, patinaje, etc., intercaladas en los años de formación de forma sistemática (en función de las posibilidades del contexto concreto) completan la educación física en estos años de formación.

    Una educación física de base que siga esta línea en lugar de la orientación puramente deportiva, supone el trabajo a lo largo de toda la etapa formativa de todos estos aspectos y capacidades de una forma paralela, global y al mismo nivel. De esta manera los valores que estaremos generando en los alumnos/as no serán ya los de individualismo y competición, sino los de individualidad, solidaridad e integración. La individualidad será el punto de partida del desarrollo de la personalidad, fundamentada en una capacidad crítica y de elección personal en base a sus experiencias, vivencias y preferencias motrices. La solidaridad estará fundamentada en el respeto a las diferencias con los demás y la aceptación de las mismas. Y la integración se basará en la aceptación colectiva de las características individuales, por peregrinas que sean.

    De la educación física o formación deportiva tradicional que genera inconscientemente (o consciente) el elitismo motriz, podemos huir a través de una educación física diferente que atienda a la oferta de propuestas variadas y múltiples, al mismo nivel de práctica, experimentación y vivencia. De esta manera, la educación de todos y todas los niños/as servirá para que, posteriormente, todos ellos y ellas, en sus etapas de adolescentes y adultos, puedan practicar alguna disciplina motriz con las que se sientan identificados, a gusto y sanos. Todos tenemos derecho a esta educación física, no sólo la élite motriz.
 
 

Manuel Bellido
Maestro de Educación Física