HIDROGRAFÍA

Dada la escasez de superficie geográfica de nuestra área, nos vamos a limitar exclusivamente al río Tajo en su curso alto, a la vez haremos mención a algunos de sus afluentes principales.

Antes de enunciar sus características, vamos a recalcar un hecho geográfico de singular importancia. La proximidad a nuestra zona de los Montes Universales, hace que la red hidrográfica en toda esta área sea muy densa. Efectivamente, estas serranías se comportan al efecto como un importante nudo hidrográfico, además de divisoria de aguas entre la vertiente atlántica y mediterránea, donde es curioso ver, como en unos pocos kilómetros de separación nacen tantos ríos. Por eso, a pesar de que la altitud no es demasiado importante, aquí nacen, muy cerca unos de otros, ríos como el Tajo, el Guadalaviar, que, al unirse con el Alfambra en Teruel, se convierte en Turia, el Cabriel, el Júcar, el río Cuervo, o el mismo río Gallo.

Entre los ríos de la vertiente atlántica el más importante es el Tajo, así como alguno de sus afluentes. El río Tajo nace en Fuente García, a unos 1.600 m. de altitud, descendiendo en muy pocos kilómetros hasta los 1.140 m. en Peralejos de las Truchas. En este tramo, el río tiene que vencer fuertes pendientes y forma profundos e intrincados cañones sobre calizas y areniscas. Es este un río bravío, que forma unos maravillosos y agrestes paisajes, apenas habitados y sólo recorridos por cazadores y pescadores. El principal afluente que recibe en este tramo es el río de la Hoz Seca. Se trata del primero de los afluentes que el Tajo recibe por su derecha, al que aporta los caudales recogidos en las sierras de Orihuela del Tremedal. Es un afluente muy caudaloso, de tal manera que durante el estío llega a superar en caudal al incipiente Tajo. Precisamente, esta última característica del río, queda reflejada en un dicho de la zona: "Tajo lleva la fama y Hoz Seca el agua."
El segundo afluente importante que recibe, también por su derecha, es el río Cabrillas. De menor caudal, riega con sus aguas las vegas de Checa y Orea.
El siguiente afluente en relevancia, sería el río Gallo, pero debido a su importancia, lo analizaremos más adelante por separado. Por último citar el río Ablanquejo, que hace su junta con el Tajo poco antes de llegar a Ocentejo.

El primer hecho a destacar, cuando estudiamos el régimen hidrológico del río Tajo, es que hay dos periodos de similar duración, donde se registran los máximos y mínimos de caudal. El de abundancia va desde enero hasta abril, con máximo absoluto en el mes de marzo, mientras que los meses de aguas bajas van desde julio hasta octubre, con mínimo absoluto en el mes de septiembre.
Estas variaciones estacionales dependen sobre todo de la distribución mensual de las lluvias y de la menor o mayor abundancia de precipitaciones niveas. Así el Tajo en su curso alto, presenta un régimen pluvio-nival, donde el máximo caudal coincide con la estación de lluvias de la primavera, siendo las aguas procedentes de la fusión de la nieve un importante aporte no ya sólo para esta estación, sino para el verano.
Por el contrario, el mínimo caudal se da en los últimos días del verano, e incluso principios del otoño, por la escasez de precipitaciones durante esta época, sólo paliada por las típicas tormentas veraniegas.

El otro gran río, por su cuenca y caudal, es el Gallo. Nace en la Sierra de Tremedal, al pie del Pico Caimodorro l, en la llamada fuente de las Lanas, y tras recibir los aportes de una serie de arroyos, que recogen las aguas de esta sierra, se dirige hacia el N, penetrando en la paramera de Molina. Pero va a ser sin lugar a duda, en la parte baja de su curso aproximadamente desde Ventosa hasta su desembocadura en el Tajo, cuando el río Gallo va a labrar sus formas más espectaculares. Así se va a encajar en profundas y estrechas hoces de paredes verticales, labradas en arenisca y conglomerados, en lo que se conoce por el nombre de Barranco de la Hoz. Es también en este barranco donde va a recibir por su izquierda, el río Bullones, su afluente más largo y, tal vez, el más importante.
A partir de Torete, el valle del Gallo se abre, para recibir poco antes de su desembocadura su último afluente, el Arandilla. En el Puente de San Pedro es donde confluye con el río Tajo, dentro de un marco de inigualable belleza.
      

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