Nava de Francia

        Pequeña localidad situada en una "nava" (tierra sin árboles y llana, a veces pantanosa, situada generalmente entre montañas) en la parte nororiental de la Peña de Francia. Pero a pesar de enclavarse en la comarca de la Sierra de Francia, no comparte las características que definen esta zona, ni en su arquitectura, ni en sus tradiciones, ni en su lenguaje.

DEMOGRAFIA:
 
        Lo que sí tiene en común con numerosos pueblos de la zona es una emigración imparable que ha dividido por tres la población (492 vecinos en 1.950 por 150 en la actualidad). Al problema de la despoblación se añade el del envejecimiento (20 personas en activo, dedicados exclusivamente a la ganadería: cabras, ovejas y vacas). El cultivo del suelo está limitado a pequeños huertos para el autoconsumo (el municipio es eminentemente forestal, con más de 1.200 hectáreas de monte, robles y pinos, más de 400 de pastos y el resto de superficie labrada).
        Es importante para la economía del municipio la actividad hostelera de "El Casarito".
        Cuenta con un presupuesto anual de 15 millones de pesetas.
        Sin edificios destacados ni patrimonio son lugares emblemáticos la iglesia, la zona recreativa "La Mata" y dos bares.

FIESTAS:

        Gran tradición festiva sus habitantes. Llama la atención el festejo de San Silvestre o "El perrero". Hasta hace no muchos años, Nava de Francia celebraba también los Reyes Magos, Las Candelas, San Blas (antiguamente había una ermita dedicada a este Santo), Santa Agueda, los Carnavales, Semana Santa y Pascua de Resurrección, el Sagrado Corazón o la Virgen del Rosario; pero la falta de gente ha hecho que las fiestas del pueblo se concentren el 18 de agosto, cuando todos los hijos del pueblo disfrutan del buen tiempo, de las verbenas, y si hay dinero, de la lidia de una vaquilla y posterior merienda con la carne del animal.

HISTORIA:

        Su origen hay que buscarlo durante la campaña repobladora de Alfonso VI de León y su yerno el conde Raimundo de Borgoña, naciendo socialmente en la primera década del siglo XII. Poco después el municipio fue puesto bajo la jurisdicción de la villa de Miranda del Castañar por la autoridad del rey Alfonso IX, y este mismo rey, siguiendo la tradición de sus antecesores en el reino como benefactores de los monjes de San Bernardo, donó el municipio al monasterio cisterciense de San Pedro de la Espina (Valladolid). 43 años después el municipio vuelve a cambiar de propiedad pasando a manos de Miranda que lo compra por 200 maravedíes
 

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