La década de los sesenta (8)
 

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¿Qué opinión tenían los contemporáneos sobre la emigración?

Opiniones en España y de los españoles.

bulletEl gobierno español, como promotor de la emigración asistida, estaba interesado en presentarla como un elemento de progreso, que mejoraba las condiciones de vida de la población española. En su propaganda destacan:
bulletEl principio de temporalidad, contrario a la instalación permanente de los emigrantes fuera de España. 
bulletLa protección al emigrado, desde el momento del contrato de trabajo hasta el regreso. En muchas ocasiones la protección se tornaba en vigilancia, ya que se temía la transformación ideológica de los emigrantes en su contacto con las instituciones políticas democráticas. 
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El mantenimiento de los vínculos entre los hijos del emigrante y España: política de becas para estudiar en España y colonias de vacaciones en España.

 

bulletLos grupos de poder económico eran favorables a la emigración, porque era un importante sostén para mantener e impulsar el crecimiento económico:

"La emigración es un mal menor, que hay que aceptar y afrontar de manera serena y con tacto exquisito para canalizarla, para ayudarla y protegerla porque, en definitiva, es, para una nación en desarrollo, una especie de balón de oxígeno en el compás de espera de una recuperación total en un futuro no lejano. Ahora bien, ese balón de oxígeno ha de cuidarse. Hemos de procurar que siga produciendo sus beneficiosos efectos. Para ello debemos estar alerta y no consentir pérdida de presión." 

(artículo de la revista Meridiano, tomado de ¡Contamos contigo!(Crónica de la emigración), V.Canicio (1972).

 
bulletLa oposición al franquismo. El crecimiento económico de los sesenta intensificó el rechazo hacia la dictadura franquista. Los grupos de oposición a Franco confiaban en la colaboración de los emigrantes para transformar el sistema político de España. La libertad de expresión y asociación en los países receptores les permitía explicar sus ideales y fomentar el asociacionismo entre los emigrantes. Su principal estrategia era luchar por las mejoras económicas y sociales de los trabajadores en el extranjero, colaborando o influyendo en los sindicatos de los países receptores.  

 

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La Iglesia Católica. Las altas instituciones eclesiásticas eran contrarias a la emigración:
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consideraban que se exponía a los emigrantes al peligro de perder las creencias religiosas y la moral católica.

bullettemían que la modernización en la forma de actuar y de vivir de los emigrados cuando volvían a España, de vacaciones o definitivamente, pusiera en peligro las creencias de los que no habían emigrado.

"... la acción organizada de estas fuerzas del mal que no ignoran que la emigración es una coyuntura admirable para ganar adeptos y sembrar confusiones en sus desvalimiento y desorientación de sus presuntas victimas".

Memoria de Comisión Episcopal de Migración, 1962

 
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Parte de la ayuda oficial prestada a los emigrantes se canalizó a través de la Iglesia Católica, concretamente: Las Misiones Católica. Este grupo, que atendía los problemas reales de la emigración, tenía una visión mucho más realista y crítica sobre la situación de los españoles y las actuaciones de las autoridades franquistas, que la Iglesia oficial:

 

  La emigración implica siempre una discriminación y constituye, como tal, un sector marginado dentro de la vida de una nación. Por principio, un trabajador extranjero no tiene derechos políticos y es requerido para hacer las cosas más duras, las que nadie quiere hacer. Y si por parte del país receptor, los emigrantes son mano de obra barata, por parte del país emisor constituyen la solución interna a un problema económico y social"

 J.A. Garmendia, La emigración española

  en la encrucijada

 

Lo que pensaba la población de los países receptores.

bulletLa opinión acerca de los inmigrantes no fue unánime en los países receptores y se modificó con el paso del tiempo.
bulletUna parte de la población temía que la afluencia de extranjeros significara una merma en sus derechos, o mejor que se diluyeran sus características nacionales.
bulletEra más frecuente el rechazo entre los sectores más bajos de la población y también entre los que convivían más de cerca con inmigrantes.
bulletpero pasados unos años la figura del inmigrante se aceptaba mejor.

" Las autoridades alemanas repiten constantemente que Alemania no es un país de inmigración, al contrario que América, cuya población procede en su totalidad de emigrantes. Y tiene razón, la sociedad alemana es vieja y anquilosada. Integrar a extranjeros implicaría para ellos abrirse a nuevas culturas y Alemania no va a renunciar a nada de lo que constituye su identidad. La integración se tendría que realizar a costa de que el extranjero renunciara completamente a su propia cultura y aún así sería difícil"

 J.A. Garmendía. La emigración española en la encrucijada.

bulletEl ejemplo de Suiza demuestra que la mayoría de la población aceptaba a los inmigrantes. Suiza era el país europeo con mayor número de inmigrantes en los años sesenta: más del 25% de la Sector de la población que tiene o busca empleo y está comprendida entre las edades que establezca la legislación de cada país. En la década de los sesenta en España el límite inferior eran catorce años, en la actualidad son dieciséis era extranjera, y en algunos sectores económicos se llegó al 50, 60 y hasta el 80%.; por cada tres niños nacidos en Suiza uno era de padres extranjeros, y en algunas ciudades dos de cada tres; y en las grandes ciudades había barrios casi totalmente poblados por extranjeros.
bulletLos partidos más conservadores quisieron en tres ocasiones reducir la presencia de extranjeros:
bullet1970, reducción de extranjeros al 10% de la población, frente al 17% existente.
bullet1974, expulsión de 450.000 en tres meses.
bullet1977, reducción de la población extranjera al 12,5% y poner una cota anual de 4000 nacionalizaciones nuevas

Las peticiones se votaron en referéndum y siempre fueron rechazadas. La prensa lo expresaba en esto términos:

"La xenofobia se ha enfrentado con el realismo del pueblo suizo que reconoce que detrás y por debajo del miedo al extranjero y el rechazo de los emigrantes se oculta en realidad un desconocimiento total del emigrante juzgado a través de prejuicios, y, sobre todo, el miedo al cambio"
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