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Estudios Preliminares
“Creo que en la vida se puede trazar
una frontera muy precisa entre juventud y adultez; la juventud cesa
con el egoísmo, la adultez comienza con la entrega a los demás”
“Lecturas para
minutos” de Hermann Hesse
“Las tecnologías se han transformado
de manera vertiginosa y en estos momentos el análisis de su gran
potencial exige un esfuerzo de creatividad que, a pesar de la
abundante literatura científica existente, hace preciso la revisión
de los viejos paradigmas y la creación de otros nuevos.”
Ponencia
“Educación y Comunicación” de Agustín García Matilla (Facultad de
Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid),
celebrada como primera exposición dentro de las Jornadas de Escuela
y Sociedad 2001
“La vocación se revela cuando uno
advierte que sólo siguiendo un camino –ser matemático o pintor,
sacerdote o militar, novelista o médico- podrá ser “él mismo”, vivir
de acuerdo con su más propia realidad, a lo largo de la vida que le
espera.”
Pedro Laín
Entralgo
Globalización económica y tecnología de la información
Uno de los factores que en mayor medida está
posibilitando el proceso de globalización económica es el
impresionante avance en el tratamiento de la información a gran
escala y en cortísimos períodos de tiempo, que en la jerga al uso se
conoce ya como tecnologías de la información, con su
correspondiente sigla (TI), y que sintetiza en estos
momentos la esencia del progreso científico de las últimas décadas.
Ello es así porque, además de encerrar elementos básicos de
autoalimentación, la tecnología de la información impregna todas las
actividades productivas e incide de manera directa en la propia vida
de las personas. Hasta el punto de que las TI influyen en ciertas
variables demográficas, en aspectos de la dinámica social, en otros
fenómenos tecnológicos (acelerando, por ejemplo, el ritmo de la
innovación) y, sobre todo, en los modelos de producción,
distribución y consumo de la mayor parte de los productos.
Cualquier actividad económica, desde la más
simple (un pago con tarjeta de crédito) hasta la más compleja (una
orden de producción o compra entre empresas de distintos países por
cuantías notables y con numerosas observaciones), tiene o puede
tener un soporte tecnológico informativo que permite grandes
ganancias de productividad. Este hecho determina por sí mismo la
necesidad de integrar en los procesos ingredientes cada vez mayores
de este tipo de tecnología, que habrá que ser conocida y manejada
con exigencias crecientes por cualquier operario.
Es más, la derivación tecnológica hacia los
consumidores –con independencia de que se trate de personas
económicamente activas o no- hace que estemos hablando de lo que ya
empieza a conocerse como la sociedad de la información (de la
información tecnológicamente hablando, por supuesto).
En la sociedad de la información cualquier
organización o persona individual (y más si es activa o desea
serlo), se enfrenta a unos requerimientos traducibles al dominio de
ciertas técnicas de tratamiento de datos, que son las que le
permiten mantenerse o avanzar en un medio cambiante. Con la
particularidad de que ese dominio no se detiene en el conocimiento y
utilización de nuevas herramientas o procesos, sino que se extiende
a nuevos modelos organizativos y al replanteamiento de un gran
número de prácticas que afectan a la propia filosofía de la
producción (desde el tratamiento de la calidad a las relaciones
laborales).
Nuevos patrones profesionales y nuevas habilidades
Los cambios ocupacionales exigen una respuesta
paralela en el campo de las profesiones. Los patrones profesionales
tienden a perder algunas de sus propiedades a favor de patrones
profesionales emergentes, de los que destacaremos algunas
características:
Adquieren un valor especial las llamadas nuevas
habilidades.
Son mucho más exigentes con la cualificación de los
trabajadores.
Provocan la obsolescencia (e incluso la desaparición)
de numerosas habilidades.
Demandan más personas familiarizadas con la
tecnología.
Son más dependientes de las relaciones
interpersonales.
Es evidente el contraste con los patrones
tradicionales caracterizados por la existencia en cada persona de un
reducido número de habilidades, por el predominio de las de tipo
manual, por la profesión u oficio para toda la vida, por la
especialización y por la escasa importancia de las habilidades
sociales y de comunicación.
Aquí es donde entran en juego las nuevas
habilidades, algunas encuadradas en la propia dinámica tecnológica y
otras de carácter sociológico y quizás no tan nuevas como pudiera
parecer (en ciertos casos, podría decirse que más bien se trata de
desempolvar usos y costumbres ya muy bien valorados por la sociedad
de antaño).
¿Cuáles son estas “nuevas” y más amplias cualificaciones?
En la lista que figura a continuación –que en
modo alguno debe ser tomada como sustitutiva, sino como
complementaria de la educación general, de los conocimientos
técnicos y de las habilidades que ya poseen los jóvenes que acaban
la Educación Secundaria Obligatoria se incluyen las más importantes:
Habilidades o actitudes sociales
(especialmente capacidad de cooperación y trabajo en equipo).
Habilidades de comunicación, incluyendo
presentación, expresión y conocimientos lingüísticos.
Creatividad, flexibilidad y autonomía en
el trabajo.
Capacidad de resolución de problemas y
de síntesis.
Capacidad de aprender y sensibilidad formativa.
Manejo eficiente de medios tecnológicos
que proporcionen información de una forma rápida y variada (buscar,
seleccionar y aplicarla).
Sensibilidad frente a los problemas
medioambientales (en el medio ambiente confluyen presiones
sociales, oportunidades de nueva actividad y enfoques integrados).
Comprensión de la organización empresarial
y de los principios económicos, es decir, percepción
del funcionamiento de una unidad productiva y de las limitaciones en
que se mueve.
Actitudes profesionales e interés por la
calidad.
“Este conjunto de características no puede ser
adquirido mediante el mero incremento de la formación continua a lo
largo de la vida laboral, sino que requiere una educación inicial
más amplia y equilibrada”, tal como se señala textualmente en el
informe del antiguo Comité Consultivo de la Comisión Europea en
materias de I+D (IRDAC), de 1994, sobre “Calidad e innovación”.
El auge del Desarrollo de la Educación Emocional y las
Habilidades Sociales.
Si alguien le hubiera dicho a aquel director de
una revista americana de psicología (Psychology Today) cuando tomaba
notas en aquellos años que pasó en la India, tratando de beber de
las fuentes originales de la tradición orientalista... si alguien le
hubiera dicho a Daniel Goleman, allá por el 1971, cuando trataba de
poner orden en sus apuntes para escribir un libro... que dieciocho
años más tarde publicaría una bomba social, el definitivo germen que
demandaba la sociedad occidental para enfrentarse al definitivo
despegue hacia un nuevo campo de desarrollo personal... quizá lo
hubiera creído. Y lo hubiera creído por que ya entonces había
descubierto el enorme potencial que subyace en lo profundo del
Hombre, de cada hombre y mujer; más allá de los convencionalismos
sociales, políticos, educativos, religiosos... él ya había
experimentado el camino hacia el pleno conocimiento de sí. De este
modo comprendió que podía y debía hacer visible esta posibilidad en
el mundo occidental, en ese mundo que por aquel entonces de debatía
en una guerra (otra más) de su país contra otro por no se sabía
claramente qué oscuros motivos.
Le llevó tiempo a Daniel, pero no estaba sólo:
muchos colegas de su país y de otros trabajaban en lo que
diáfanamente se vislumbraba sería un nuevo campo de desarrollo
personal y social: la Educación Emocional, y junto con ella,
crecía la importancia en todos los ámbitos del Ser Humano del
desarrollo de las conocidas como Habilidades Sociales.
Muchos años pasarán hasta que la Historia hable
de la vital importancia que tendrá en este siglo XXI el desarrollo
del Hombre en su plena faceta humana. De momento se van perfilando
objetivos educativos que se tenían, si bien no olvidados, sí
apareciendo en segundo término, ante la preponderancia de la
búsqueda de contenidos conceptuales, siempre perseguidos de esa
‘fiebre evaluadora’ de objetividad.
A estas alturas surgen algunas preguntas, tales
como:
¿cómo se evaluarán
–objetivamente- toda esta serie de capacidades emocionales y
sociales que empezaremos a incluir en el currículo de nuestros
alumnos?
¿cómo hemos nosotros,
sus supuestos mentores, alcanzado el nivel necesario para enseñar
estas capacidades?, y aún (entre otras)
¿de qué herramientas
pedagógicas específicas dispone hoy el profesorado para impartir
estos ‘conocimientos’ que no existían cuando se formó como tal?
¿incluiremos pruebas
que denoten un adecuado desarrollo emocional y muestren unas
suficientes habilidades sociales en el procedimiento de
acceso y promoción en la profesión educativa?...
Como les digo... muchos años pasarán. Más un
gran camino comienza con el primer paso. Y este paso en la materia
que nos ocupa es afrontar los objetivos de la misma desde el prisma
de la transición a la vida adulta, antes que y no sin olvidar,
también a la vida activa; pues de nada serviría pretender formar
individuos trabajadores conformando nuestro tejido social, si no son
y se desarrollan como personas adultas, pues estaríamos abocados a
enfrentamientos, discriminaciones, violencias... y por ende a la
destrucción de nuestra civilización.
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